3 abr 2016

9 días en Lakou Souvinance (Parte 3)

A partir del martes y hasta el viernes todo fue más relajado y con mucha menos cantidad de gente. Continuaba siendo habitual ver pequeños grupos sentados por las mañanas tras el desayuno reunidos cantando o conversando apaciblemente.
El martes la llamada al Perystil con toques de campanilla por parte del Sevité se produjo a las 4:30 de la tarde.
Los ounsis vestidos con vivos colores  aparecieron por el templo tras los sacerdotes dirigiéndose hacia los músicos que estaban sentados como era habitual en su grada. Desde el exterior trajeron dos enormes tambores Asòtò (o Assotor) envueltos en telas blancas con estampados de flores y unos volantes rojo carmesí. Iba a ser esta vez su ceremonia.
Se trata del más grande de los tambores del culto Rada, mide entre 1,30 y 2 metros de altura. Hecho de madera de Cedro, como casi todos los tambores sagrados, correspondiente al Lwa Asotó Micho, su ceremonia consiste en un repertorio de cantos propios. Ha sido para mi una enorme suerte poder observar esta ceremonia ya que en Haiti desde las campañas anti-vudú (bajo la ocupación americana entre 1916 y 1934) su uso casi desapareció.
Los ounsis se fueron posicionando alrededor del centro del Perystil. Primeramente situaron los tambores frente a los músicos. El Sevité dio unos toques con su vara a ambos Asòtòs, seguidamente los ayudantes los trasladaron al centro, luego el Sevité delimitó la zona de baile alrededor de los tambores marcándolo en el suelo, y repartieron otras varas a los ounsis.
La música y los cantos volvían a resonar y los iniciados comenzaban a dar vueltas alrededor de los Asotos en diferentes desplazamientos tanto para la derecha como para la izquierda, mientras hacían el gesto de golpear con los palos el cuero de los enormes tambores.
Desde la tribuna alta el Larenn dirigía los cantos a los participantes. Éstos volvían a responderles mientras seguían bailando sin dejar de dar vueltas. Una vez concluida la ceremonia ambos tambores fueron retirados igualmente en comitiva. Los ounsis volvieron a situarse frente a los músicos y a bailar en fila hacia adelante y hacia atrás sin parar. Igual que las otras noches no pararon hasta las dos de la mañana. En el exterior del templo quedaba menos personas y muchos vendedores se habían marchado.

El miércoles fue el día reservado sólo para los niños. Hay que seguir creando cantera. Al anochecer en el centro del Perystil se preparó comida y se regalaron una serie de juguetes entre los niños.
Los lanmerales (músicos) eran también muy jóvenes (en todos los lakous suelen haber escuelas de músicos). Los sevités animaban a los pequeños a introducirse en el medio y bailar todos juntos. Así acabó la fiesta infantil.

El jueves no hubo ningún acto y se notaba la retirada de muchos participantes y vendedores. La aldea volvía a estar más tranquila. Las reuniones eran más cordiales y amistosas. Se hablaba de política en muchas ocasiones.

El viernes, último día, se dedicó a la bendición con agua. Tras una charla de agradecimiento por parte del Sevité, se repartió agua bendecida entre todos los solicitantes que se llevaban en botellas y garrafas. Algunos fueron bendecidos en la parte trasera del templo como si de un bautizo se tratara (Lave Tet) por un sacerdote que echaba el agua con unas ramas verdes de un cuenco de madera con sus manos sobre sus cabezas.
Acabado todo, comenzaron a marchar la poca gente que quedaba. Aproveché para despedirme de la familia que me permitió hospedarme en su casa y tomé un MT. hacia Gonaives nuevamente. 
Así, de esta manera algo resumida, he vivido día a día el desarrollo de una de las ceremonias religiosas más antiguas de Haiti. Hubieron muchos detalles que se me escaparon por no entender bien algunas explicaciones. Poca gente habla francés, y el kreyol sigue siendo complicado de aprender para mi, principalmente por falta de tiempo.
Esta vez me he quedado en el hotel Romy Family (1.300g), algo más cerca del centro de la ciudad, aunque el transporte en MotoTaxi (20g) hace muy sencillo el trasladarse de un punto a otro. En el bajo del hotel tienen un sencillo restaurante con una amplia pantalla donde emiten vídeos musicales o los partidos de fútbol más importante de la liga europea, y suelen hacer bailes los fines de semana. Sirven las cervezas Prestiges a 50g..  Cerca hay varios bares-terrazas donde se puede oír música y beber con suma comodidad viendo el que hacer diario de los haitianos por la calle. También hay algunos puestos familiares de comida muy económicos.
Pasaré el fin de semana nuevamente en esta ciudad para descargar las fotos, los vídeos y organizar el siguiente y, posiblemente, último destino en este país.

2 abr 2016

9 días en Lakou Souvinance (Parte 2)

El domingo fue el día más trascendental de todos.
Algo más de las dos de la mañana concluyó la ceremonia del sábado. Todos se retiraron a dormir pero quedó en el exterior del Perystil multitud de gente bebiendo y charlando como si se tratara del final de un concierto musical. El ron y las cervezas marcaron las ganas de seguir de farra hasta las tantas.
Alrededor de las 5 de la mañana se oyó el resonar de una campanilla llamando a los ounsis para que se reunieran en una de las salas anexas al templo. Apenas había amanecido. En el exterior de mi habitación no había ya ruido alguno. Los fiesteros definitivamente habían abandonado el recinto.
Desayuné y nuevamente me dirigí al Perystil donde los ounsis de un blanco completo impoluto que indica su devoción al Lwa de la luz (no de la oscuridad), respondían con más cantos a los propios del Larenm, esta vez moviendo sus dedos índices al cielo (con este gesto reafirman el juramento que hicieron de permanecer fieles a su fe).
Daban vueltas y vueltas alrededor del centro, cantando y moviéndose esta vez con más pasión. En un momento dado aparecieron los ayudantes del Oungan portando sobre sus hombros varios machos cabríos y un carnero. Habían sido previamente degollados!. La sangre corría por las camisas de los portadores, los ounsis se acercaban y pasaban sus cabezas por el cuello cortado mientras continuaban cantando y girando sin detenerse. Otros se afanaban para ponérselos encima como podían y así sentir el peso del animal (el del culto, el respeto) sobre sus hombros. Los pañuelos ceñidos a la cabeza de muchos de ellos estaban completamente manchados de sangre al igual que las camisas y los níveos trajes de las mujeres.
Mientras algunos cabríos regurgitaban restos orgánicos por el cuello otras se retorcían sobre los hombros y más sangre corría. Algunos iniciados introducían sus dedos en el cuello y lo chupaban como seña de beber la sangre del cuerpo del espíritu.
Este simbólico sacrificio, dicen, es un recuerdo a la sangre derramada por todos los esclavos traídos del continente africano, por el durísimo trabajo y penalidades que sufrieron y por la revolución que los liberó del poder colonial (en 1791 fue el sacrificio de un cerdo negro en una ceremonia vudú cerca de Cap Haitien comienzo de las revueltas de los esclavos para liberarse de los franceses).
En esos momentos de trance sangriento ninguna cámara podía estar grabando las acciones que se llevaban a cabo. Una vez que los animales fueron depositados en el suelo sí se permitía.
Instante más tarde, otros tres cabríos sacrificados de la misma manera volvieron a ser transportadas en hombros al interior del PerystilEl ambiente se volvía aún más exaltado. Las rotaciones seguían sin cesar y algunas partícipes mayores comenzaban a temblar y tambalearse hasta llegar a perder el equilibrio, teniendo que ser ayudadas a mantenerse en pie.
Me llamó la atención que entre los tantos pañuelos de las cabezas de los ounsis que en esos momentos estaban manchados de rojo carmesí algunos de ellos no tenían señales de haberse acercado a los animales. Sus prendas se mantenían limpias. Parece ser que no podían aún tocar la sangre (?).
Nuevamente los animales fueron depositados en el suelo mientras todos seguían dando vueltas. En ese momento las canciones eran mucho más repetitivas y muy rítmicas. Cuando fueron retiradas definitivamente del recinto el ritmo fue descendiendo paulatinamente.
Estos sacrificios no tiene un sin sentido. Aunque no me ha gustado como han tratado a todos estos animales puedo pensar también cómo se sacrifica en nuestro país a puertas cerradas para luego ser vendido en los mercados. Y más aún sabiendo que los inflan a hormonas para ser más rentable económicamente.
En Haiti los animales de granja son bien cuidados dentro de lo que cabe. Deambulan por patios, calles y pueblos sin ser molestados. En el contexto del sacrificio vudú la vida del animal no está siendo usada innecesariamente y se tiene una conciencia clara de donde han venido y para que propósitos necesarios sirven.
En conclusión, éstos serían después troceados y repartidos al día siguiente entre todos junto al resto de animales que también fueron sacrificados en honor a los espíritus.
La ceremonia continuó más tarde con un desfile ritual hacia los árboles que se encuentran en el lakou para ofrendarlos.
Los músicos situaron una banqueta larga frente al primer árbol que se encuentra dentro de un recinto amurallado. El Sevité se dirigió junto a sus ayudantes y los ounsis hacia ellos, entonando cantos esta vez a Lwa Loko, el espíritu que habita en los árboles. El lwa Loko se asocia igualmente a Legba, el espíritu guardián de los mundos, origen de la vida, que abre los caminos (representado por San Pedro) y a Ayizan el Lwa del árbol que se encuentra próximo.
Una vez en el interior comenzó la ceremonia pero no pude llegar a verlo con precisión por la cantidad de gente congregada junto a él, aunque me contaron que el sacerdote derramó ron y una taza de agua con mezcla de sangre de los animales sacrificados, entonó frases para el espíritu y partió luego las patas y las alas, dobló cuellos y arrancó las lenguas de varios gallos, mientras derramaba las gotas de sangre sobre la base del árbol. Los tambores seguían sonando pero ahora los ounsis estaban sentados y callados observando las distintas consagraciones o tomándose unos minutos de descanso bajo la sombra de sus recargadas ramas.
Concluido el acto los músicos cambiaron su posición. Se dirigieron hacia el más simbólico de todos, Ayizan, colocaron la banqueta frente a él y comenzaron a tocar nuevamente. La comitiva encabezada por el Sevité caminaba nuevamente con lentitud hacia ese lugar.
El golpeteo seco de los pies de los danzantes sobre el suelo se convirtió en sonidos repetitivos creando una vibración parecido a los latidos del corazón.
En esta ocasión, tres mujeres se encontraban inconscientes con sus cuerpos enganchados entre las raíces sobresalientes del terreno. Esta acción se llama Sep (pecado) y sucede, al igual que el día anterior, cuando alguien ha cometido algún pecado por haber infringido alguna regla vudú y los lwas la están castigando por ello. Al llegar el Sevité pronunció una serie de frases y derramó agua de una taza sobre las piernas para romper su aflicción.
Lentamente y con aparentes dolores "la pecadora" fue moviendo su cuerpo hasta que fue apartada de las raíces. Lo mismo sucedió con las otras dos.
La ceremonia continuó nuevamente con el mismo ritual del árbol anterior, sacrificando varios gallos mientras los ounsis no paraban de dar vueltas a su alrededor.
En este caso, al concluir, los sacerdotes sentados en banquetas de madera aprovecharon unos minutos para beber y comer de los platos de las ofrendas dispuesta en la base del árbol. En cuanto acabaron, los músicos levantaron nuevamente el banco donde estaban tocando y lo posicionaron frente a Ogou, el siguiente árbol sagrado.
De nuevo el mismo tipo de recorrido y rotaciones al compás de tambores y cantos.
Tras las ofrendas correspondientes acercaron un enorme toro, le ataron con una cuerda los cuernos y juntaron la cabeza al tronco. El Sevité repartió machetes de madera (coulin) a los iniciados que continuaban bailando y cantando alrededor del mismo.
Una vez detenido el baile bendijeron al animal con agua y licores varios mientras pronunciaba unas frases, y a la vista de todos uno de los ayudantes le clavó una daga en la cabeza cayendo desplomado al suelo. Los ounsis comenzaron nuevamente a girar alrededor del árbol durante un tiempo y luego fueron devolviendo los machetes. La sangre que derramaba el animal era recogida en varias tazas. Una vez mezclada con algún liquido, el brebaje era ofrecido a los iniciados, que bebían y continuaban dando vueltas sin parar.
Concluida esta ceremonia se dirigieron a otros árboles para ser bendecidos igualmente.
Dicen que las vueltas que dan alrededor de los árboles sagrados simboliza el viaje de los esclavos a través del Atlántico hasta llegar a estas tierras. En Ouidah (Benin), me contaron que antes de ser embarcados los capturados eran obligados a dar una serie de vueltas (9 ellos, 7 ellas)  alrededor de un árbol (del Olvido) que previamente había sido hechizado por un sacerdote para que olvidasen su origen africano y trabajaran duramente sin rechistar en su lugar de destino al otro lado del océano.
Finalizado el desfile ceremonial por el lakou los oficiantes se retiraron a una pequeña habitación del Perystil donde continuaron los rituales, esta vez sacrificando varios gallos y ofreciéndolos a un pequeño altar. Allí recibirían mas tarde al grupo de iniciados.
Poco más del medio día aconteció el baño purificador. Detrás del templo se encuentra un estanque que habían llenado con agua para la ocasión. Tras ser bendecida igualmente sacrificando varios gallos y derramando líquidos sacro en honor a Danbalah, el espíritu fuente de paz y tranquilidad, los participantes en fila se fueron lanzando al agua embarrada. Me recordaba mucho a la pasión que ponen los aldeanos de San Nicoĺas De Tolentino (Gran Canaria) cuando de la misma manera se lanzan al Charco. Puede que es su momento para los habitantes canarios de la zona, antes de la llegada de los colonos castellanos, tuviera un significado religioso parecido, aunque el fin que actualmente conocemos fue la pesca de peces atrapados en el charco mediante el embarbasque (narcotizar), a los mismos para que fueran presa fácil.
Los ounsis se sumergían o caminaban entre la enfangada agua con suma felicidad pues su limpieza espiritual se estaba consumando en esos momentos.
Luego se fueron retirando a sus estancias particulares porque tocaba lavarse y cambiar de ropa. Tras un breve descanso reaparecieron con vestimenta de llamativos colores portando cada uno una banda con el nombre de su LwaFueron reunidos en dos grupos correspondiente a sus comunidades para pasear por el lakou junto a sus sevités cantando al ritmo del Ogá (metal) y tambores tras su pancarta identificadora y varias banderas. 
Al caer la noche nuevamente acudieron a bailar y cantar al Perystil. Algo parecido a las anteriores ejecuciones pero esta vez con unos pasos muy particulares.
Colocados en línea frente a los músicos en el momento que los tambores marcaban la aproximación del grupo, salían tres o cuatro ounsis y ayudantes -que también estaban dispuestos a bailar-, tanto mujer como hombre, y rápidamente se situaban cara a los larenn. En el momento que el Mamma marcaba unos toques concretos acelerando el ritmo éstos comenzaban a realizar con las piernas movimientos más rápidos: mientras una de las piernas aguantaba el peso del cuerpo la otra giraba hacia atrás y daba una especie de patada o coz al aire. Luego sucedía con la otra y así sucesivamente durante un tiempo. Me comentaron que se trata del baile "Gran Kat", y a mi me recordaba a algunas pinturas que hace ya tiempo había visto de bailes que realizaban los Granadiers franceses con las bandas militares en tiempo de Luis XVI.
Los ounsis cantaban en esta ocasión más alto, los movimientos de sus cuerpos eran mucho más expresivos y los brazos los extendían como intentando alcanzar el cielo. Otros giraban sobre sí mismos. Y nuevamente acontecían estados de trance y convulsiones entre los participantes. En situaciones como éstas, parece que no resulta extraño encontrar a alguien tirado en el suelo, fuera de sí, o sin sentido. La gente mira, intentan en ocasiones ayudar y al ver que no hay respuesta los dejan en paz con su espíritu. Ya se levantará cuando abandone el cuerpo.
La noche fue larga y una de las que más gente atrajo al lakou. No necesariamente seguidores vudús. Muchos vienen a pasar la noche con amigos, ver algo de lo que sucede y beber, que es lo que más les gusta a los haitianos. Y los precios son los mismos que en la ciudad.

El lunes llegaba el día de la ceremonia de los Mapous (Ceibas) que se encuentra detrás del lakou. Alrededor de las cuatro y media, mientras amanecía, el sonido de una caracola y el repicar de los tanbús anunciaban el comienzo de la ceremonia.
Vestidos todos de un inmaculado blanco se encaminaron hacia la zona donde se encuentran ambos enormes árboles. Cuando llegué los ounsis estaban dando una serie de vueltas alrededor de Agwe, el primer Mapou que se encuentra junto a Lisa, el más grande, mientras entonaban las canciones con el ritmo que marcaban los tres lanmerales y sus tanbús. Mientras el Sevité bendecía varias partes del tronco los iniciados daban continuas vueltas alrededor del mismo a ritmo de los Tam-Tams entonando cántico relacionado a su espíritu. Luego hicieron igualmente el mismo tipo de ritual en el Mapou Lisa (que representa a Lwa Lisa). 
El sacerdote también bendijo cada lado del tronco y mandó sentar a los participantes. Una vez sentado él en su taburete, en medio de las enormes raíces y frente al altar donde habían botellas de vino, de champagne, de ron, un plato con millo, algo de comida, varias tazas, jarrones de barro, etc., sobre un mantel de color, derramó los líquidos correspondientes. Luego fue llamando a los ounsis para que bebieran de una taza con una mezcla líquida que no supe entender de que se trataba. En ocasiones algunos saltaban o corrían hacia el árbol y se arrodillaban frente al sacerdote para que también los bendijera.
Concluido el acto todos se pusieron en pie y volvieron a dar vueltas alrededor de Lisa. En ese momento el Sevité comenzó con el sacrificio de varios gallos -uno de ellos de guinea- y dos pichones blancos (fractura de alas, patas, arrancada de lenguas, rotura de cuellos y gotas de sangre en la base del árbol donde se encontraba el altar) que fueron finalmente ofrecidos al espíritu. 
Concluidas las ofrendas todos se situaron frente a los músicos que estaban sentados en la banqueta y comenzaron a bailar en línea, hacia adelante y vuelta hacia Lisa, el árbol sagrado. Con el paso del tiempo algunas mujeres caían al suelo con convulsiones, en estado de trance, otras se desvanecían y eran ayudadas a continuar de pie. Duró varias horas. Incluso una inesperada lluvia dificultó el acto. En seguida el terreno quedó completamente embarrado pero nadie dejaba de bailar.
Una vez más los ciclos de canciones y ritmos se repetían, bailando en fila en dirección al árbol y nuevamente media vuelta, hacia atrás donde se encontraban los músicos, para volver a repetir los mismos movimientos sin detenerse.
Mas adelante, y poco a poco, los ounsis fueron retirándose a descansar. Al atardecer comenzaban nuevamente a presentarse pero esta vez con trajes de vivos colores para continuar con más bailes y más cantos.
A última hora de la tarde la ceremonia concluyó. Se volvieron a formar dos grupos y en comitiva liderada por los sevités y ayudantes avanzaron con sus pancartas y banderas correspondiente dirección al templo. Los músicos iban posicionando la banqueta varias decenas de metros adelantados para sentarse y, mientras tocaban, esperar que se acercara el grupo para de nuevo volver a retirarse otros tantos metros y recibirlos igualmente. Así hasta llegar al Perystil.

La noche continuó movidita hasta bien entrada la mañana. Seguían bailando y cantando a ritmos frenéticos y con mucha más energía. Incluso dando  giros continuos sobre sí mismos. Desde la tribuna elevada eran bendecidos con agua sin dejar de bailar.
Mientras, en el exterior, muchos visitantes bebían y comían en los puestos ajenos a los acontecimientos.

1 abr 2016

9 días en Lakou Souvinance (Parte 1)

A medio día del jueves me presentaba en Lakou Souvinance. Nuevamente, un MT. me llevaría hasta la puerta de la aldea.
Fetilia había modificado la habitación. El colchón se encontraba junto a la pared y parecía todo mas amplio y algo mas limpio. Como no tiene baño la ducha se realiza junto al pozo de agua que hay a varios cientos de metros del conjunto de viviendas cerca de las enormes ceibas, o en unos habitáculos de cemento que tienen varios contenedores de agua sobre su techo. Ahí también cogen agua para cocinar. Algunas casas tienen sus retretes en un cuartito construido anexo, pero la mayoría no. Hay que hacer las necesidades entre la poca vegetación cercana. O alejado, bajo unos enormes mangos que dan una sombra y fresco fenomenal y que forman parte del patio trasero del lakou. Un poco más allá los montes de la cordillera se elevan abruptamente y se pierden en la lejanía. No hay señales de correntía de agua y todo es extremadamente seco.
Asnos, vacas y cabras son los únicos animales que vagabundean bajo la sombra. El sonido de las hojas empujadas por el viento y el canto de diferente aves ofrecen un pequeño encanto ante tanto paisaje inhóspito. Al otro lado de esta campiña donde en tiempo de cosechas se plantan tomates, cebollines, coles, berenjenas, pimiento rojo picón, etc. destacan dos grandes Ceibas (o Mapou, árbol sagrado) con enormes y sinuosas raíces donde puede ocultarse incluso un niño. Su tronco nudoso tiene formas faciales antropomórficas que lo hace especialmente característico. Su lwa (espíritu) se llama Lisa. El otro, un poco más pequeño, Agwe.
El lunes sería el día de sus ofrendas y ceremonia.
Hay un espíritu que habita en todos lo árboles, el lwa Loko, venerado también en muchos pueblos africanos. Se le asocia con Legba y Ayizan.
En Haiti hay más de sesenta LWAS diferentes. Son los espíritus de los familiares, los espíritus de las principales fuerzas del universo: el bien, el mal, la reproducción, la salud, es decir todos los aspectos de la vida diaria.
Como en otros cultos, en el Vudú el instante previo a la muerte define de alguna manera el futuro del alma. Un creyente moribundo debe recibir la visita de un sacerdote o sacerdotisa (Oungan/Houngan o Mambo) encargados de liberar su alma de los espíritus que no lo dejan partir a donde tiene que ir (Ceremonia de la Des-unión).
Muchos de estos espíritus representan a santos católicos cuando en su momento (s.XVI) los colonos obligaban a los esclavos a rezar por ellos. Éstos no tuvieron otra opción que adorarles pero lo que realmente hacían era rezar a sus verdaderos espíritus. Coincidiendo con ciertos colores de la vestimenta o pertenencia del santo los esclavos los asociaban a sus espíritus africanos.
Tras dejar la mochila, Fetilia me dice que ha cambiado el precio por las comidas de los días que me quedaré ahí. En vez de 2.000g debo pagar 4.000g.. Aunque le muestro mi enojo por haberlo modificado acepto por que no me queda otra opción. Sé que este dinero va a ser invertido entre toda la familia.
Lo primero que hice fue visitar el templo o Perystil (Souvenance Mistique como así indica su frontis), una casa de culto cuadrangular con dos tejados sobrepuestos y forma piramidal. Tiene a los lados una serie de ventanas abiertas para que circule el aire y gradas con asientos metálicos, una tribuna alta donde se sitúan los Larenn (cantantes y tocador de Tcha-Tcha, o maracas) para dirigir los cantos hacia los Ounsis/Hounsis (iniciados). El suelo es de tierra firme como todo el lakou. Aún no había sido decorado con las telas de colores que pondrían días mas tarde. En la parte de atrás hay unas habitaciones-santuario que corresponde a una casa que se encuentra pegada al templo.
Todo el lakou estaba muy tranquilo aunque al final del día y a la mañana siguiente comenzarían a llegar los primeros participantes en sus vehículos cargado de colchones, sillas y trastos de todo tipo.
A medio día del viernes nos visitaba la primera banda Rara que venía de las aldeas cercanas a través del polvoriento camino.
Ra-Ra son fiestas populares de estas fechas y también bandas de música y baile estrechamente vinculadas a manifestaciones africanas que durante la Cuaresma deambulan cantando y bailando por los campos y extrarradios de las ciudades. Sus componentes exhiben los emblemas y las banderas de los templos vudú a los que pertenecen. Dentro de las bandas existe una jerarquía social y en la formación, una organización tipo militar. Según los trajes, los colores y la posición, se sitúa la Reina del Ra-Ra, los organizadores, los limpiadores de espíritus, etc.. Estas bandas van por los caminos que les indican los espíritus y compiten entre ellos sosteniendo "guerras místicas". Todos los años salen en procesión visitando los lakous correspondientes acompañados de una multitud de fervientes simpatizantes bailando y cantando. Y bebiendo mucho alcohol!!.
En este caso, la delantera estaba tomada por varios portadores de banderas de los países donde se practica Vudú y los distintivos de la banda. Los músicos resoplaban sus "Klewon" y "Bambú" (trompetas tubulares metálicas, o de PVC) pintados de colores llamativos. Los tanbous Petwos (tambores sacrosantos de madera) y el tambor militar sonaban tan rítmicamente que animaba a introducirse en el grupo. Un coro de cantantes, la mayoría mujeres, respondían a los músicos con sus canciones, seguidos por el resto de participantes. El olor a "generosos tragos" de klerín (bebida local alcohólica) y el gran calor que producía la muchedumbre danzante me quitaron las ganas de saltar entre ellos. El día estaba despejado y el calor era agobiante.
El director de la banda con su silbato y látigo de soga anudado a un palo daba foetazos al suelo y mantenía el orden de las varias decenas de participantes. Las bailarinas vestidas de brillantes colores satinados movían el cuerpo y sus trajes hasta levantárselo y mostrar sus caderas en frenético movimiento. Un panty blanco cubrían sus posaderas...
Tras dar una vuelta alrededor del lakou cantando y bailando pasaron al interior del Perystil dando varias vueltas y arrastrando a la multitud a seguir sus ritmos. Una vez concluida la visita volvían a tomar el polvoriento camino de regreso a sus aldeas.
Lo mismo ocurrió con otras cuatro bandas Raras que fueron llegando durante la tarde. La misma ejecución y con muchos más participantes.
La primera reunión de los Ounsis (Iniciados, o devotos ayudantes de los lwas) me cogió desprevenido. Ya me había retirado a mi habitación cuando comenzó a oírse un constante resonar de campanilla y cantos que procedía del Perystil.
Me acerqué a curiosear y lo poco que pude ver a través de la puerta de acceso que se encontraba abierta era un grupo de ounsis vestidos completamente de blanco cada uno con pañuelo igualmente blanco anudado a la cabeza sentados en pequeñas banquetas de madera frente a un altar donde se encontraban un Sevité (Sacerdote) de nombre Fernidan Bien-Aimé con una campanilla, otro sacerdote más mayor y un Larenn (o cantante). Todos cantaban pausadamente -en una mezcla de kreyol haitiano y daomé africano- y seguían el ritmo que éste último con una maraca (Tcha-Tcha) marcaba. El ambiente era sosegado, nada comparado a que lo iba a suceder los siguientes días.
La sesión duró varias horas durante la noche. Una vez concluido el encuentro se retiraron a dormir.

El sábado comenzaba a haber mucho más movimiento en el lakou. Iba llegando gente y ocupando las casas que antes estaban cerradas. A modo de mercadillo casi una decena de puestos de comidas y bebidas se fueron instalando mediante palos y plásticos o láminas metálicas corrugadas para proteger del sol. Otros vendedores (mechan) se posicionaron a los laterales del camino de entrada al recinto para abastecer a los visitantes y a los que allí estábamos residiendo. Fetilia era una de las que habían colocado su fogón de carbón y su mesa con comida (pollo, pescado, banana, paté..., todo fritura).
También comenzaban a adornar la puerta de entrada al lakou con pancartas de varios colores; a los árboles sagrados con telas verde y amarillo; al Perystil con telares de colores; al estanque que se encuentra en la parte de atrás del mismo, donde el lunes se bañarían los ounsis para purificar sus almas; y a las enormes Ceibas (Mapous) de la parte trasera del lakou. Todo estaba listo para cuando cayera la noche.
Frente a las casas casi siempre había gente reunida sentadas en sillas cantando, o simplemente charlado en los porches de las mismas.
Anocheciendo la ceremonia comenzaba en el santuario interior mas grande anexo al templo con la reunión de los iniciados frente a dos sacerdotes y un cantante con su Tcha-Tcha.
Cada pared de la habitación está pintada con diferentes colores, varias cortinas de raso rojo y amarillo con ribetes dorados caían delante de una puerta que da acceso a otra sala. Del techo colgaban diferentes telares de colores y estampados. En una esquina estaba situado un gran altar decorado con enormes ramos de flores, imágenes de santos, de la Virgen con Jesus, un pequeño candelabro con tres velas encendidas (la Trinidad), vasijas de barro (Govi), varias botellas de ron y vino, una gran taza con agua bendecida, y mucha más parafernalia relacionada con los lwas. Al otro lado de la habitación había otro altar mas reducido y menos recargado de objetos.
Todos vestían de impecable blanco, hasta los pañuelos que cubrían sus cabezas. Ante los cantos del Larenn y el sonar de la maraca los ounsis respondían recitando un ciclo de cantos repetidos. Al comienzo bailaban erguidos, con ligeros movimientos pendulares, siempre cara al gran altar donde se encontraban sentados los sacerdotes. Detrás, al fondo, estaban sentados en pequeñas banquetas el resto de participantes.
Los "no iniciados" podíamos observar el desarrollo a través de las ventanas, incluso grabarlo, pero no podíamos acceder al interior.
En total habría cerca de un centenar de mujeres y hombres, unos sentados atentos al desarrollo, algunos pensativos o concentrados y otros meneándose ligeramente, y los que se encontraban de pie no dejaban de contonearse y gesticular en ningún momento. Con el paso de los minutos los movimientos se hacían más rítmicos según lo fueran marcando los cantos. El sudor comenzaba a caer por sus rostros con más intensidad y el calor que salía por las ventanas era cada vez mas denso. De vez en cuando los ayudantes ofrecían tazones con algún tipo de licor para calmar la sed que luego se iban pasando entre ellos.
A medida que más bailaban, cantaban y bebían, más ritmo y más movimiento acompañaban a sus bailes, sin desplazarse apenas de su zona aunque el balanceo de sus cuerpos fuese cada vez más afanoso.
Durante esta ceremonia pude observar diferentes estados de exaltación. Algunos ounsis que estaban sentados se levantaban rápidamente y se juntaban con los danzantes, otros comenzaban a temblar como si estuvieran siendo poseídos en ese momento por el espíritu y corrían o saltaban como si fueran catapultados hacía los que bailaban junto al altar al grito de ¨waa waa waa¨.... Los más próximos ayudaban a que se tranquilizaran y fueran tomando posiciones al principio de la fila. Dicen que éstos son momentos de llamada al Lwa con canciones que lo identifica. Tan sólo están esperando que bajen y entren en ellos. Algo más de una hora duró la ceremonia.
Casi en el momento en el que me había acomodado en las gradas del Perystil comenzaron los tres Lanmerales (tamboreros) a hacer sonar los tambores Rada (Katabú, Manma Kabú y Gwonde Tanbú) más un Ogá (trozo de metal de un sacho pequeño de labranza que era golpeado con un hierro fino). Por la puerta aparecieron primeramente y delante de una fila los dos Sevité mas mayores, uno de ellos con una vela rizada encendida y un tazón de agua. Junto a él sus ayudantes con otra vela, los cantantes y el tocador de maraca, y detrás todos los ounsis avanzaban a paso lento. Dieron una vuelta alrededor del centro del templo y fueron tomando sus posiciones para dar comienzo a las danzas y los cantos.
Sobre la tribuna alta se situaban dos Larenn, uno de ellos, el Ougenikón (solista -bajo la responsabilidad del sacerdote- con conocimiento profundo de los cantos), mientras cantaba agitaba la maraca para acompañar el ritmo. El segundo en ocasiones le apoyaba con otras estrofas. Los ounsis respondían con las frases correspondiente mientras formaban una fila en el centro del Perystil.
Ante los toques de tambores los participantes se acercaban lentamente poniéndose frente a ellos cantando y bailando al ritmo que marcaban los tanbús. Los golpes más estridentes (kase) procedente del Manma kabú señalaba el momento de detenerse, dar un lento giro de 180 ° y volver hacia el centro sin dejar de contornearse.
Con movimientos sutiles pero articulados la marea de participantes danzaban armoniosamente en diferentes progresiones, hasta con un pie ligeramente levantado y el otro pisando firmemente sin perder el equilibrio.
Parece ser que hay casi una veintena de maneras diferentes de tocar los tanbús, cada una con sus ritmos: los pertenecientes al Lwa y los que indica a los danzantes una coreografía específica que sólo ellos entienden. O deberían. 
Los ayudantes, hombres y mujeres (ounsis kanzos), también con pañuelo blanco en la mano o un palo, situados al frente de la fila marcaban en ocasiones los movimientos a realizar. Principalmente en línea controlaban que se mantuviera el orden y la dirección del grupo para que ninguno avanzara más rápido que otros,
A medida que los ritmos de tanbús eran más intensos, los partícipes aumentaban paulatinamente la velocidad y la intensidad de sus movimientos al acercarse, volviendo así a repetir el ciclo de ir y volver mientras los Larenn continuaban lanzando canciones y los ounsis respondiendo a sus cantos sin parar de bailar. 
Esta manera de proceder suele ser semejante para todos los ritos vudú, con diferencias melódicas con arreglo a los lwasEste diálogo permanente Lanmerales-Ounsis continúo durante toda la noche.
La gente que no cabía en las gradas se congregaba alrededor de la entrada intentando observar el acontecimiento. Muchos de ellos lo grababan con sus teléfonos como recuerdo del evento.
En el exterior comenzaba a aparecer las primeras mujeres en estado de trance tiradas en el suelo. Una de ellas tenía sus rodillas encajadas entre las raíces del árbol sagrado Ayizan, que se caracteriza por tener algunas de sus largas raíces fuera de la tierra. Los que se consideran pecadores (saltarse alguna regla vudú es suficiente) cuando son poseídos por el Lwa ruedan hasta ellas y enredan sus piernas o su cuerpo como castigo. 
Los mirones observaban embelesados. Al rato apreció por allí el Sevite, se acercó a la víctima y mientras le daba toques con su pañuelo blanco de seda entonaba algunas frases espirituales. Al rato se fue soltando lentamente y ayudada a incorporarse por varias mujeres, que bien podría ser de la familia. En situaciones como ésta parece ser que la familia llega a sentir mucha vergüenza por el propio acto inculpatorio.
Cerca de las dos de la mañana me retiré algo agotado. Desde mi habitación se continuaba oyendo los cantos y el armonioso sonido de los Tam-Tam.

23 mar 2016

Quien Busca Encuentra

Al igual que el pasado año he utilizado la Cía. de guaguas Caribe Tours para desplazarme, esta vez, desde Santo Domingo hasta Cabo Haitiano (6h.). Por 55$ he tenido transporte y pago de salida y entrada por los dos controles de ambas fronteras, encargándose el personal de tramitar la documentación (llevar el pasaporte ante la policía, poner visado y el pago).
En Cabo Haitiano me he vuelto a quedar en el Hotel Akenssa (40$) tan solo para hacer noche y salir a primera hora de la mañana hacia Gonaives, la ciudad más cercana a Souvinance, la aldea donde se va a llevar a cabo la Ceremonia Vudú anual de Semana Santa que quiero asistir.
Souvenance es un grupo de lakous (aldeas) en la región de Gonaives fundada hace más de 200 años por esclavos de procedencia Dahomey (actual Benin) fugados y liberados de los colonos franceses en Haiti.
Cuando eran explotados como esclavos en esta isla tuvieron que sincretizar sus ritos animistas africanos con los cristianos como modo de supervivencia al ser obligados a abrazar esa nueva religión para ellos, so pena de bestiales castigos, o la muerte.
Hoy día son conocidos por su adhesión a unas tradiciones vuduístas muy arraigadas, fruto de esas violentas acciones.
Durante esta semana los espíritus (loas, o lwas) Radas (de origen daome, dawome o dahomey) son honrados a través de diferentes ceremonias, cantos y danzas tradicionales. Especialmente a Ogou (el lwa guerrero que inspiró a los esclavos durante la Revolución de liberación contra los colonos franceses) que es particularmente venerado aquí.
En Gonaives me he quedado en el hotel Union des Freres (1.000g.), casi a mitad de camino entre esta ciudad y la aldea.
(Este año 1 dólar lo cambian a 61 gourdes)
Hay muchos pequeños hoteles con una amplia variedad de precios y calidad en esta polvorienta y calurosa ciudad.
Gonaives se encuentra junto a la Cordillera Artibonite que por esta parte del país es extremadamente seca.
Lo primero que hice fue trasladarme hasta Souvinance en busca de alojamiento para los días que va a durar el evento. Un MotoTaxi me llevó hasta allí (100g).
Lakou Souvnans (en kreyol) se encuentra a unos 15kms. de Gonaives dirección Cabo Haitiano. El cruce de entrada, junto a un río (riviere Laquinta) que estos días está absolutamente seco, está marcado con un cartel que indica la dirección. Una carretera de piedras y tierra que atraviesa diferentes conjuntos de viviendas, muchas de ella de barro, madera y techo de rafia, algunas pintadas con vivos colores, lleva hasta la aldea (lakou), y continúa varios kilómetros más porque hay más viviendas en sus márgenes.
La enorme suerte que tuve fue sorprendente. Tan sólo preguntar a la primera vecina que encontré, y tras unos minutos dubitativos, ésta me ofreció su casa, que no era otra cosa que un pequeño habitáculo en una vivienda de barro y madera con techo de metal corrugado de dos habitaciones. Un desvencijado colchón sobre un somier de madera, debajo en el suelo de tierra sus ropas dentro de una maleta de viaje y un racimo de bananas verde, una mesita coja y una pequeña silla rota son sus únicas pertenencias. Ahí vive Fetilia junto a su marido y su hijo Falence recién nacido. Al lado habita también parte de su familia. 
La aldea se compone de unas cincuenta viviendas y durante el año podrían estar habitando no más de sesenta personas. Es en estas fechas cuando los antiguos moradores vienen a visitar a sus familiares. También amigos, invitados y otros muchos que todos los años alquilan habitaciones o traen tiendas de campaña para participar en las ceremonias.
Pactamos el precio: 6 días 3.000g. y las correspondientes comidas diarias 2.000g.. Le pagué 2.000g por adelantado para reservar la habitación y me presentaré el jueves, dos días antes del comienzo de los actos religiosos para convivir igualmente entre ellos los días previos.
Hay otros dos lakous más cerca de aquí: Soukri Badjo (celebra la tradición Nago, de orígenes Yoruba) y Soukri Danash (celebra la tradición Kongo, procedentes del centro y sur de Africa). Cada cual tiene sus fechas de celebración durante el año, coincidiendo con los eventos importantes en el calendario católico.
Estos haitianos veneran a sus espíritus o lwas de Daome durante la Pascua católica, que dura desde el Sábado Santo hasta el viernes siguiente, aunque desde el Domingo de Ramos ya comienzan a organizarse. Cientos de practicantes se dirigen hasta esta localidad para participar en grupo y honrar a sus espíritus por un buen trato en vida. Aunque parece ser, por lo que me ha contado Fetilia, desde el Viernes Santo ya empiezan las ceremonias en la aldea y, claro, no me las quiero perder.
Pues ya me puedo quedar más tranquilo teniendo asegurado un lugar donde dormir. Estaré en un lakou auténtico!. Tan solo tengo que esperar que llegue el día mas deseado de este viaje.
De nuevo en Gonaives he comprado algunos regalos (varias botellas de Ron y Velas) por si sucediera la ocasión que me presentasen al líder espiritual (Sevitédel lakou, algo que suele ocurrir cuando un extraño visita una comunidad. O no.
En el almacén de alimentos y bebidas que se encuentra a la entrada del hotel, que también pertenece al mismo dueño, al anochecer limpian el porche y colocan mesas, sillas y un equipo de música. Las Cervezas Prestige (la que más se bebe en Haiti) irán calmando estos días previos mis deseos de estar ya allí y ser observador de estas interesantísimas celebraciones religiosas haitianas.

19 mar 2016

Continúo de Carnaval!

Me encuentro nuevamente en Boca Chica, una pequeña localidad cerca de Sto. Domingo, en Rep. Dominicana, terminando de preparar mi viaje por Haiti y recabar toda la información posible acerca de la celebración vudú de Pascua que se va a celebrar en una pequeña aldea haitiana, muy cerca de Gonaives. Aprovechando que durante este fin de semana, al igual que el pasado año por estas fechas, celebran la Feria Anual del Marisco he elegido esta zona turística que ya conozco para pasar este fin de semana. Han realizado también un desfile de Carnaval con la alegoría del Mar. Aunque de marisco poco, pues sólo sirven Lambi (un molusco muy demandado por los dominicanos) o pulpo, es el pescado frito o a la barbacoa con tostones lo que más se come en los puestos instalados para ello. Y claro, mucha Cerveza Presidente, la que más se bebe.
Playa o piscina por el día y conciertos y música de Dj por la noche ha marcado mi primer fin de semana de viaje.
Me estoy quedado esta vez en el Condominio Bella Rimini (>17$), un complejo de apartamentos con una pequeña piscina, algo alejado del barullo de las calles principales de la playa.
Un fin de semana que además me ha dado tiempo para terminar de recopilar la información necesaria para trasladarme hasta Souvinance y quedarme los días necesarios en esa aldea para ver de cerca esa celebración que atrae a tantos haitianos incluso de fuera del país.
Tan solo espero tener un poco de suerte y poder conseguir quedarme en casa de algún vecino que alquile al menos una cama.
La suerte ya está echada...

Estas son algunas fotos del pasacalles de Boca Chica que se llevó a cabo hoy sabado a media tarde.















18 mar 2016

Nuevamente en Ruta

Ni yo imaginaba que tan pronto pudiese estar planeando una nueva movida por Haiti. Y surgió inesperadamente mientras leía algunas anotaciones que tenía a cerca de las celebraciones vudús de los haitianos durante la Semana Santa.
Mientras disfrutaba del pasado Carnaval Cimarrón de las Cachúas de Cabral me devoraba la curiosidad por conocer igualmemte cómo lo podrían estar llevando a cabo en esas fechas los haitianos. Así que decidí que otro año podría presentarme en Souvinance (Lakou Souvnans, en criollo), una pequeña aldea donde sus habitantes llevan a cabo todos los años una populosa celebración vuduísta que dura una semana.
Tenía apenas dos semanas por delante, así que sólo era cuestión de planearlo bien, navegar por interné en busca de un buen precio aéreo que me interesase, hallar información disponible en libros y experiencias de otros viajeros.
Como el año pasado, llegar a Puerto Príncipe en avión desde Gran Canaria suponía más de 900€. Pero yendo a Rep. Dominicana y luego cruzar la frontera, alrededor de 500€. Esperaba alguna oferta mejor pero esa me pareció la más adecuada a mi presupuesto de viaje. Así que, nuevamente en ruta buscando más aventuras.